DESARROLLO DE LAS BIBLIOTECAS EN CHILE 

Dr. Alberto Villalón


 

 

Conferencia leída en el Instituto Chileno-Norteamericano el 21 de Julio de 1998.

A. Antecedentes históricos.
B. La Legislación.
C. Los bibliotecarios
D. La Biblioteca Nacional
E. Las Bibliotecas Públicas
F. Las Bibliotecas Escolares
G. Bibliotecas Universitarias
H. Evaluación.
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A. Antecedentes históricos.
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Aparentemente, las primeras colecciones de libros que no fueron de altos funcionarios, abogados y curas, las establecieron los jesuitas, a partir de 1751, en las misiones que establecieron tanto en el norte como en el sur del país.
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Los jesuitas llegaron a tener más de  20.000 volúmenes sumando las colecciones de sus diversas misiones.  Recordemos que en 1999767 el Rey Carlos III ordenó la expulsión de los jesuitas de sus dominios.  Pues bien, se asegura que unos 5.000 volúmenes de las colecciones de los jesuitas pasaron a constituir la biblioteca de la Universidad de San Felipe.
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En 1813 se consolida la Universidad de San Felipe, el Instituto Nacional es Liceo y Universidad al mismo tiempo, y se crea la Biblioteca Nacional, con unos 5.000 volúmenes, la mayoría de los cuales, al igual que en el caso de la Universidad, había pertenecido a las colecciones de los jesuitas.
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José Ignacio Víctor Eyzaguirre utiliza por primera vez la expresión “biblioteca públicas” para referirse a las colecciones de libros de conventos.  Estamos hablando del año 1850, cuando Eyzaguirre público en Valparaíso su Historia eclesiástica, política y literaria de Chile, y de las bibliotecas del convenio de Santo Domingo con 5.000 volúmenes, de la del convenio de San Agustín y de la del seminario de San Miguel con más de 6.000 volúmenes.
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Se atribuye a Domingo Faustino Sarmiento, el famoso autor de Facundo, haber introducido en Argentina y en Chile las ideas norteamericanas sobre educación universal y sobre bibliotecas públicas.  Como dijo Juan Freudenthal, “Sarmiento fue el primer intelectual sudamericano que comprendió a cabalidad la potencialidad de la biblioteca pública como instrumento para la adecuación continua y el desarrollo personal”. Han pasado más de 100 años y cuando ve los exiguos presupuestos que hoy se asignan a bibliotecas, no puede menos de preguntarse cuándo los dirigentes de este país van a captar esa potencialidad que Sarmiento comprendió hace más de un siglo.
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José B. Suárez, discípulo de sarmiento, a mediados del siglo XIX empezó a hacer realidad las ideas de Sarmiento, y creó varias Bibliotecas Populares adscritas a liceos, realización que, según el propio Sarmiento, no tuvo mucho éxito;  finalmente, sólo quedaron funcionando 11 de estas Bibliotecas Populares.
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Pero en 1856, Manuel Montt  creó Bibliotecas Populares en las capitales de provincia y otras ciudades, generalmente también adscritas a liceos.  En su Mensaje al Congreso Nacional, el 1° de junio de 1858, Montt sostuvo que la creación de estas Bibliotecas Populares, aunque modesta, estaba destinada a ejercer en el futuro una gran influencia en la instrucción de las masas.  ¡Otra voz del siglo XIX desoída por nuestros actuales gobernantes!
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Es interesante destacar que en el Presupuesto de 1859 se contemplan fondos para mantener estas Bibliotecas Populares y para publicar textos de estudio y clásicos de la Literatura.

Lo verdaderamente importante ocurre en 1891, cuando, por Decreto de 22 de diciembre, se ordena que todas las Municipalidades debían abrir Bibliotecas Públicas para atender a las necesidades educacionales, recreacionales e intelectuales de los ciudadanos.  Desgraciadamente, estas colecciones, modestas y mal administradas, desaparecieron en poco tiempo.  ¡Y hoy, todavía, hay Alcaldes renuentes a sostener bibliotecas públicas municipales!
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B. La Legislación.
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Ñas normas legales que rigen a la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos son:  el Decreto con Fuerza de Ley 5.200, el Decreto Supremo 234, ambos de 1929, y el Decreto con Fuerza de Ley 282 de 1931.
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El D.F.L. 5200, en los considerandos dice: “ Las municipalidades se deben interesar por la eficiencia y el desarrollo de estos servicios”;  luego declara “bibliotecas públicas todas las que se abran al público, sean fiscales o particulares” y, por lo tanto, quedan bajo “la dirección superior” del Director General de Bibliotecas, Archivos y Museos, y establece que “la Biblioteca Nacional …..  tiene el doble carácter de biblioteca coleccionista y de biblioteca pública.”
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El D. Supremo 234 reglamenta al D.F.L. 5200 y, en su artículo 1°, dispone que el Director debe “residir en las Biblioteca Nacional, siempre que el edificio cuente con el local necesario para ello.”  El artículo 47 exige un concurso para seleccionar candidatos a la planta, y para entrar en concurso  "poseer un idioma extranjero” y haber completado la educación secundaria;  el artículo 51 prohibe “el préstamo  de impresos a domicilio,” salvo con la firma del Director y previo depósito de dinero, salvo algunos documentos que requieren a préstamos” a domicilio, previo depósito de su valor;  el artículo 83 establece que, al ser devuelta una obra, se deducirá el 5% del depósito “por el uso del libro”;  los artículos 98 a 106 reglamentan una inexistente Sección Infantil.
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Algunos artículos de este D. Supremo fueron derogados por la Ley 17336 de 1970.
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C. Los Bibliotecarios
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En 1913 la Biblioteca Nacional hace el primer esfuerzo de capacitación de su personal dictando cursos elementales de Bibliotecología.
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En 1922 se conceden las primeras 2 becas para estudiar Bibliotecología en los Estados Unidos.  Y Fíjense los alumnos elegidos:  Gabriela Mistral y Benjamín Cohen.  Gabriela obtuvo el Premio Novel de Poesía en 1945 y, por la misma época,  Cohen llegó a ocupar una de las subsecretarías de naciones Unidas.  Los perdimos para la profesión, pero Chile ganó con ellos un tremendo prestigio internacional.
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Entre 1923 y 1940, otros 3 chilenos van a los Estados Unidos a seguir cursos de Bibliotecología:  Margarita Mieres, Augusto Eyquem y Héctor Fuenzalida.  Este último, a su regreso, fue nombrado Director de la Biblioteca Central de la Universidad de Chile.
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Con la ayuda de la Fundación Rockefeller, entre 1946 y 1947, Edward Heiliger dictó algunos cursos a unos 40 empleados de bibliotecas de la Universidad de Chile.  Sobresalieron Luisa Arce y María Eugenia Bustamante, quienes, becadas a la Universidad de Denver, recibieron su Master en 1949.  Aparentemente, en ese entonces, Denver no exigía el Bachillerato en Bibliotecología, previo al Master, como exigían otras Universidades, Míchigan entre ellas.
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Curiosamente, cuando Heiliger terminaba el curso de 1947, Estados Unidos concedió 5 becas al Abogado Alberto Villalón, a raíz de que éste, en su tesis, había elaborado una clasificación del Derecho chileno.  En 1948 Villalón obtuvo su Bachelor of Arts in Library Scienci en la Universidad de Míchigan, y en 1949  su Master, al mismo tiempo que Luisa Arce y María Bustamante.  En 1951 Villalón completa sus estudios de Doctorado y termina sus tesis in absentia desde Chile.
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El 15 de abril de 1949, la Biblioteca Central de la Universidad de Chile inauguró varios cursos, sin crear formalmente una Escuela de Bibliotecología.  Entre los cursos de Heiliger y éstos de la Biblioteca, entre 1946 y 1958, hubo 381 alumnos, pero menos de un tercio completó los cursos y no recibieron título ni diploma alguno.
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El 19 de noviembre de 1959, después de un rechazo inicial del Presidente Jorge Alessandri, la Universidad de Chile logró la creación de la Escuela de Ciencias Bibliotecarias, la que pasó a llamarse Escuela de Biblioteconomía en 1960, fue declarada escuela universitaria el 8 de Abril de 1969, quedando bajo la jurisdicción de la Facultad de Filosofía y Educación, y cambió su nombre a Escuela de Bibliotecología en 1966.
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El plan de estudios de un año, un poco entre gallos y medianoche, pasó a 4 semestres, luego a 5 y finalmente a 6, más una práctica de 3 meses.   Según Freudenthal, con un profesorado de primera clase, el nuevo programa buscaba la mejor preparación técnica y teórica a los futuros Bibliotecarios y Documentalistas,  En 1972 se logró el Récord de 424 alumnos.
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La filosofía  que guiaba a la Escuela aparece expresada por los Directores Abraham Pimstein y Villalón en la Encyclopedia of Library and Information Science en los siguientes términos:  “El propósito de la escuela …… es preparar profesionales para su más alto potencial.  Da a sus alumnos una completa preparación en las disciplinas básicas que constituyen la ciencia del trabajo bibliotecario;  sus enseñanzas incluyen un enfoque histórico y una crítica a la sociedad actual;  analiza las tendencias del pensamiento bibliotecológico y, sobre todo, da a sus graduados un conocimiento de los problemas que afectan al país y una capacidad para analizar desarrollos extranjeros en Bibliotecología y Documentación en relación con las necesidades de Chile y dentro del contexto latinoamericano.  La Escuela cree que el conocimiento teórico y práctico de los problemas de las bibliotecas chilenas deben ser aprehendidos a cabalidad por sus graduados, a fin de que puedan contribuir a la solución de los problemas socio-económicos del país.”  ¿Se mantiene aún esta filosofía?
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Dos experiencias interesantes de aquellos años fueron el Plan Especial y las Escuelas de Temporada.
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El Plan Especial estuvo dirigido a profesionales, graduados y estudiantes de cursos superiores en otras áreas que aspirasen, además, a graduarse en Bibliotecología.  Estos alumnos eran eximidos de las materias de cultura general y sólo cursaban los ramos profesionales.  Gracias a este Plan Especial.  Chile llegó a contar con más de 100 profesionales graduados en Ciencias y Bibliotecología, Historia y Bibliotecología, Francés y Bibliotecología, etc.
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Las temporadas para Graduados tenían un mes de duración.  En ellas se abordaron, de preferencia nuevos avances y, de gran impacto, el seminario Problemas en la profesión, en el cual los Bibliotecarios más jóvenes planteaban a un panel de profesores los tropiezos, obstáculos, situaciones y problemas que encontraban en el desempeño de sus funciones.
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La Universidad de Chile extendió los estudios a provincias:  en Iquique, Antofagasta, La Serena y otras ciudades del centro y sur del país.
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La Universidad de Concepción creó la carrera en 1975, pero ésta duró sólo 4 años.
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El golpe militar interrumpió las gestiones para crear un Master, ofrecido conjuntamente por las Facultades de Filosofía y Letras y la de Ciencias Físicas y Matemáticas, pero en 1974 el programa aumentó a 7 semestres, y en 1975 a 8, junto con publicar un único número de la Revista chilena de bibliotocología  y documentación.
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A fines de 1976 vino a Chile por 3 semanas el Bibliotecario norteamericano Paul Wasserman, quien luego publicó un artículo de 10 páginas sobre métodos de enseñanza, planes de estudio y recomendaciones.
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La educación superior fue reorganizada en 1981 y como Bibliotecología no fue considerada “profesión universitaria”, pasó a depender de la Academia de Estudios Tecnológicos de la propia Universidad de Chile, y luego del Instituto Profesional de Santiago.  Estos cambios, como dice Freudenthal, rebajaron el status de la profesión y afectaron su futuro.
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Actualmente la carrera se enseña en la Universidad Tecnológica Metropolitana de Santiago, y en la Universidad de Playa Ancha.
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La Universidad Tecnológica Metropolitana, en un plan de 5 años, 216,5 créditos, otorga el título de  Bibliotecario Documentalista.  Es una lástima que sólo se ofrezcan 2 semestres de Inglés, ya que cuando la carera duraba 3 años, había inglés obligatorio, un segundo idioma también obligatorio a elegir entre Francés, Alemán, italiano y Lenguas Clásicas, y la posibilidad de un tercer idioma optativo.  En igual forma, un semestre de Estadística parecería poco, como también parece poco un semestre de Comunicación escrita:  aquí hay una falla que viene desde la educación básica y media, y que la Universidad debería tratar de solucionar, ya que a diario se escuchan quejas de que la mayoría de los Bibliotecarios no sabe redactar un simple memo, ni menos hacer informes y preparar proyectos.  Otro tanto sucede con sólo un semestre de Administración General Bibliotecaria – designación no muy feliz . ya que antes, con un  plan de sólo 3 años, el alumno recibía clases de Administración Bibliotecaria, veía la aplicación de los principios generales a las Bibliotecas.  Por otra parte, el Plan aparece como muy bueno con asignaturas como Introducción a la Computación, Análisis de Información, Gestión Bibliotecaria, Fundamentos de Análisis de Sistemas, Recuperación de Información, tecnología de la información, Redes y Servicios de Información, Sistemas de Información, Automatización de Unidades de Información, etc.
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Por su parte, la Universidad de la República, ha tomado 2 iniciativas:  crear la Escuela de Bibliotecología y Ciencias de la Información, la que “por razones administrativas no está aún en funciones”,  y ofrecer “Cursos de Capacitación en la estrategia de Aprendizaje a Distancia para Encargados de Bibliotecas Escolares”, cursos que duran entre 3 y 4 meses.  Hasta la fecha se han completado 3 cursos para 80 alumnos de diversas regiones:  Metropolitana, Curicó, San Vicente de Tagua Tagua, Los Andes, etc.  En wel período 1998 se está entregando el cuarto curso a 52 alumnos procedentes de Santiago, Choapa, Marchigüe, Talca, San Carlos, Osorno, etc.  Como se ve, un espectro geográfico bastante amplio.
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D. La Biblioteca Nacional
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Precisemos que la Biblioteca Nacional fue creada el 19 de agosto de 1813; cerrada en octubre de 1814  debido a la reconquista española después del desastre de Rancagua,  y reabierta el 05 de agosto de 1818  por decreto de Bernardo O Higgins, con Manuel de Salas como Director, quien creó el primer Reglamento de la Biblioteca.   La Biblioteca primero fue albergada por la Universidad de San Felipe  -donde hoy esta el Teatro Municipal- y en  1823, ya con unos 12.000 volúmenes, traslada el edificio de Aduana, que estaba en la esquina de Compañía con bandera y abierta al público como Sociedad de Lectura de Santiago.
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Dato muy interesante: el 25 de octubre de 1825 se creo el Deposito Legal referido a un ejemplar, y aumenta a dos en 1835
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En 1843 nuevamente se muda la ambulante Biblioteca Nacional, esta vez a catedral con Bandera.
En 1846, el Gobierno adquiere la Biblioteca privada del fallecido hombre público Mariano Egaña, de unos 10.000 volúmenes, y entre ese año y 1864 llega a 38.000 volúmenes gracias a las compras del las Bibliotecas de Benjamín Vicuña Mackenna,  José Miguel de la Barra, y otras.
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Otros dato interesante:  en 1854, cuando la Biblioteca Nacional es dirigida por el abogado Vicente Arlegui, publica su Catálogo  por orden alfabético de los libros que contiene la Biblioteca nacional.
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Ramón Briceño remplazó a  Arlegui  en 1864 y empezó a publicar un informe mensual en los Anales de la Universidad de Chile, que él dirigía. Además, en 1871
Creó la Oficina de Canjes de Publicaciones Nacionales, que efectivamente hizo canje con Estados Unidos, México, Francia y otros países.  Mas aún, Briceño había  leído la obra de L. A. Constantin Bibliothéconomie, ou Nouveau Manuael complet pour l’arrangement, la conservation et l’administration des bibliotheques,
Publicada en París en 1841, y se había familiarizado con la  clasificación de D’Alambert, Bentham y Ampere:  por lo tanto, los libros se ordenaron según el “sistema francés”.  Además, Briceño estableció 3 catálogos separados: el de autores, el de materias y el por orden  numérico.  Es muy interesante destacar que el catálogo por materias correspondía exactamente a las 5 Facultades que en ese entonces  tenía la Universidad.  Esta idea aparece de  nuevo en Prusia a comienzos del siglo XX, y yo la apliqué, en la década del 50, en la Biblioteca de la Escuela de Medicina.  Por último, hay que decir que Briceño elevó al doble la colección.
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Briceño se retiró en 1886, y asumió Luis Montt, Abogado y profesor, quien fue Director durante 23 años.  Bajo su mandato la colección subió desde 60.000 a 150.000 volúmenes, y la Biblioteca ambulante se mudó por cuarta vez, esta vez al Palacio del Real Tribunal del Consulado, nuevamente a Compañía con Bandera, donde iba a permanecer hasta 1925.  Montt inició, el mismo año 86, el Anuario de la prensa chilena, y reestructuró la Biblioteca:  creó la Sección de Manuscritos, el Museo Bibliográfico, la Sección grabados, retratos y mapas, y la Sección chilena.  Su idea de prestar libros a domicilio no tuvo eco en la sociedad santiaguina de entonces.  Como se ve, la Biblioteca pasó a ser no sólo depositaria de la producción nacional, sino, también, biblioteca pública.  Desgraciadamente, como anota Guillermo Feliú Cruz en su Historia de la Bibliografía chilena, los lectores “comenzaron a destruir las colecciones en forma sistemática.
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Otro Abogado y profesor, Carlos Silva Cruz, sucedió, en 1910, a Montt.  Gran admirador del sistema norteamericano, Silva Cruz aumentó el horario de atención a estudiantes universitarios y secundarios,  profesores, artesanos y público en general, y creó el Departamento de Referencia, en 1912, con Emilio Vaisse a la cabeza.  Según dice Freudenthal, continuó en este período la destrucción de importantes piezas bibliográficas.
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En 1925, José Toribio Medina donó su famosa biblioteca a la Nacional, con Guillermo Feliú Cruz como curador;  el 18 de noviembre de 1929 se creó la Dirección General de Bibliotecas, Archivos y Museos;  para a950 ya la Biblioteca había llegado a 1.500.000 volúmenes, y el 28 de junio de 1952 se estableció el Fondo Histórico y Bibliográfico José Toribio Medina, con Feliú como secretario general, quien fue Director de la Biblioteca entre 1960 y 1966, y fundó la revista Mapocho en 1963.  Feliú suprimió el servicio a los estudiantes secundarios.
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En enero de 1967 llegó a ,a la Dirección el Profesor Roque Esteban Scarpa, quien  creó el Archivo de la Palabra, el Archivo del Escritor, el Museo del Escritor Chileno, el Archivo del Compositor Chileno, la Oficina de Referencias Críticas, el Centro Bibliográfico Raúl Silva Castro, un Taller Literario, y la Colección de Mapas.  Además, patrocinó la indización de varias revistas literarias del siglo XX y la compilación de bibliografías sobre Educación y Literatura.
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Entre 1971 y 1973 ocupó la Dirección ¡un Bibliotecario! Y poeta, Juvencio Valle, y el 1973 la Junta Militar reinstaló a Scarpa.
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Entretanto, la Biblioteca creó 2 especies de sucursales, nuevos archivos, museos, bibliotecas públicas, pequeñas colecciones viajeras y 3 bibliobuses.
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En 1977, el consultor cultural de la Junta Militar,  Enrique Campos Menéndez, asumió la Dirección.  Por su iniciativa, María Tresa Sanz, Elena Montt y Adriana Sáez, actuando Yolanda Soto como Secretaria, prepararon el documento titulado Biblioteca Nacional:  Estudio de su situación actual y recomendaciones para su reorganización.
La Biblioteca fue reestructurada y quedó constituída por 3 áreas:  Departamento Nacional de Información Bibliográfica, Departamento de Colecciones, y Departamento Nacional de Servicios Técnicos;  en 1979 se creó una sala para investigadores; en 1980 se adoptaron las reglas de catalogación anglo-americanas 2 con el propósito de incorporar sus “2.500.000 volúmenes” a un sistema automatizado con formato MARC. ¿2.500.000? Cálculos más prudentes estiman la colección en 1.600.000 volúmenes.  En 1983 se capacita personal para automatizar la catalogación;  en 1984 Venezuela regala el NOTIS, ante lo cual hubo cierta oposición del personal.  Hasta ahora, en 14 años, sólo se ha completado la colección Medina y alrededor del 55% del total;  se espera completar este trabajo en 2 o 3 años más;  hoy se cuenta con 13 computadoras.
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Por último, habría que citar las asesorías que ha prestado el inglés Maurice Line, entre 1994 y 1997.
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E. Bibliotecas Públicas.
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En cuanto a Bibliotecas y Municipales, Freudenthal sostiene que “ se han creado más bibliotecas públicas en el papel que en la realidad.”  Esta afirmación coincide con una más general del rector Santiago Labarca de la Universidad Técnica del Estado, quien sostuvo que en Chile bastaba tener un papel impreso con membrete para creer que se había creado una institución.
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Para el mismo Freudenthal, a mediados del siglo XX había sólo 2 Bibliotecas Públicas propiamente tales:  la nacional, y la Severín de Valparaíso, con sus 70.000 volúmenes.  Las otras tenían pequeñas colecciones, pobre equipo y estaban mal iluminadas.  Destaca, en cambio, las Bibliotecas Municipales de Las Condes, Ñuñoa y providencia.
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El Decreto 11.860, del 26 de Julio de 1955, del Gobierno de Carlos Ibañez, es importante porque estableció la obligación de las Municipalidades de destinar, por lo menos, el 1% de su Presupuesto anual a bibliotecas populares y actividades artísticas, y autorizó a los Alcaldes para dedicar el 5% de sus ingresos ordinarios a las bibliotecas.
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Y los niños?  Prácticamente sin servicio bibliotecario, salvo contadas excepciones, como las Comunas ya citadas, y un Centro Cultural en Viña del Mar.
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Sin embargo, es aquí, tal vez, donde, desde 1993, se están produciendo los cambios más importantes para acercar el libro al pueblo.  Algunos de estos cambios han llamado la atención en el extranjero:  la prensa de Argentina y España, la BBC de Londres, etc.
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La revista Epoca, de España, en su número de 15 de Junio último, dedica un párrafo a nuestro país, bajo el epígrafe “Bibliotecas en lanchas” y dice: “!Autobuses, trenes y hasta lanchas han sido convertidos en originales bibliotecas,  para impulsar la lectura entre los grupos sociales más apartados y marginados de Chile.  Además, se han abierto bibliotecas en el Metro, hospitales, cárceles y terminales aéreas, que, junto a las “cajas viajeras” (se envían libros a los  puntos más lejanos y aislados), forman parte de un creativo proyecto de la Subdirección de Bibliotecas Públicas.  En tres años de funcionamiento ha conseguido aumentar en más de un 200 por ciento los préstamos de libros”.
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Por su parte, la Revista de Libros de El mercurio, en su edición del 4 de julio, bajo el título “El libro Vive, Corre y Vuela,” destaca diversos aspectos de estas realizaciones:” Con escasos medios y un verdadero derroche de creatividad, la subdirección de bibliotecas públicas de la Dibam – Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos – ha puesto en marcha en todo Chile una serie de proyectos alternativos, permitiendo así el mayor acceso de la comunidad a los libros….. las iniciativas de la subdirección de bibliotecas realmente sorprenden…. No sólo han sacados los libros de los estantes, sino que también los han hecho viajar por cielo, mar y tierra …. Organizada a lo largo del país en 13 coordinaciones, el papel fundamental que se ha planteado esta subdirección no es administrar bibliotecas sino dar políticas, normar, capacitar, evaluar, asesorar y promover iniciativas … han establecido convenios con 310 bibliotecas de todo el país, lo cual significa darles dotación  y, fundamentalmente, asesoría y apoyo”.  Y luego destaca los proyectos presentados al Consejo Nacional del Libro, a organismos internacionales y a algunos países;  señala que España donó 8 bibliotecas de 500 ejemplares cada una para el proyecto “Un libro para sanarme”,  que consistió en la entrega a un hospital de cada región de libros, juegos y juguetes para su sector pediátrico;  destaca el “Bibliometro” que ya tiene 11.700 lectores, que han obtenido 180 mil préstamos con una pérdida de sólo un uno por ciento;  luego se refiere a la Bibliolancha” que sale la biblioteca de Quenchi hacia algunas islas de Chiloé para llevarles libros a los niños, al “Bibliobús” de Coyhaique que va cada quince días a los hospitales, la cárcel, las zonas rurales, los internados de niños, repleto de libros y con una bruja cuentacuentos, a los bibliobuses de Santiago,  Curicó y Maullín, a “El carrito del Libro” que los fines de semana circula en El Salvador, a “El mensajero del Libro” que ofrece puerta a puerta a los vecinos de Chañaral la carga que lleva en su triciclo, a “El baúl de los sueños”, los “Rincones infantiles”, el “Servicio de información a la comunidad, a la publicación de la “librografía”, un tríptico que se entrega a todas las bibliotecas y en el cual se ofrecen recomendaciones de títulos para niños y jóvenes, divididos por edades, etc.  Finalmente, sólo quiero agregar que, para fines de junio, el Bibliometro ya había alcanzado el préstamo número 250.000.
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F. Bibliotecas Escolares
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En cuanto a Bibliotecas Escolares, Freidenthal señala, como un problema crónico del sistema educacional chileno, “la ausencia casi total de colecciones de libros en las escuelas primarias y secundarias”, concluyendo que desde Manuel Montt (1851) hasta la dictadura militar,  prácticamente nada ha cambiado.
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En 1975, Luisa Arce y Elena Watt prepararon un “Proyecto de creación de un sistema nacional de bibliotecas escolares para Chile” que desde entonces duerme el sueño de los justos.
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La excepción la constituyen algunos colegios que yo llamaría “ricos” y que tienen excelentes centros de recursos.
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En 1977 el Colegio de Bibliotecarios de Chile publicó interesante documento de 20 páginas:  Normas mínimas recomendadas para las bibliotecas escolares y públicas chilenas, en el que aborda objetivos, funciones, colecciones, personal, servicios, ubicación, espacio, equipo y muebles.  ¡En sólo 20 páginas!
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Muy importantes son el Decreto del 5 de mayo de 1979, que encargó al Ministerio de Educación preparar un plan de creación de bibliotecas escolares, y la municipalización de la educación primaria y secundaria de 1982.
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Pero no es hasta 1994 que el Ministerio de Educación diseñó el programa de mejoramiento de la Calidad y Equidad de la educación (MECE), a cuyo financiamiento el Banco Mundial contribuye en un 17%.  En la Educación media, un gran porcentaje de su presupuesto se destina a poner a disposición de los liceos distintos recursos para el aprendizaje, para lo cual crea o actualiza las bibliotecas de los 1300 liceos subvencionados del País con libros, diarios, revistas, mapas, CD.  Y en la Educación Básica, a las 8000 escuelas se les ha dotado con 8 Bibliotecas de Aula, pequeñas colecciones de 50 a 60 títulos, con el propósito de potenciar la lectura.
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Se espera que antes del año 2000, año en que termina el programa, los 1300 liceos subvencionados estén incorporados a Enlaces, que es el nombre de la Red de Informática Educativa.  Enlaces empezó en 1995 con 62 libros y se espera llegar este año a 1000.
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Sin embargo, el programa adolece de una gran falla en el aspecto bibliotecario;  la falta de profesionales, ya que, según los términos del programa, éste no puede financiar sueldos, y el Ministerio de Educación no ha contemplado en su Presupuesto una partida para este propósito.  Desde hace 7 años, cuando la Educación fue municipalizada, el Estado subvenciona a los “sostenedores” de establecimientos educacionales, que pueden ser Municipalidades, instituciones y personas naturales, y entre los cuales hay una fuerte presencia de Salesianos.  El sostenedor podría contratar Bibliotecarios, pero quienes lo hacen no llegan a un 15%.  Entonces, lo que hace el MECE es solicitar al “sostenedor” que un Profesor actúe de Coordinador y sea un nexo entre colección y profesores, para lo cual se les da una capacitación de ¡4 días!   En el proyecto de Presupuesto para 1999 se contemplaban fondos para que algunos de estos profesores Coordinadores pudieran seguir ciertos cursos.  ¡Lo permitirá el rebote en Chile de la crisis asiática?
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Entre las publicaciones del MECE – Educación Media destacan los Catálogos anuales de libros y revistas para que profesores y alumnos puedan hacer su propia selección, el Catálogo, también anual, de material didáctico, el Manual para el Coordinador Pedagógico, la Guía para el Manejo de la Colección, etc.
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Otro aspecto del MECE se refiere a la enseñanza superior:  se espera implementar el proyecto respectivo para fines de este año, también con un crédito del banco Mundial y una duración de 5 años.
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G. Bibliotecas Universitarias.

A finales de los 60 había unas 160 bibliotecas departamentales en el País, y más de la mitad de ellas en Santiago, con diferentes sistemas de clasificación:  Dewey Library of Congress, Decimal Universal, etc. n¿bastante pobres en material de investigación al día, y con una demora en la importación de libros extranjeros.  Freudenthal habla “meses o un año” y más meses antes que el material llegue al usuario, lo que, tal vez, resulte un poco exagerado.
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La Universidad de Chile inauguró su primera biblioteca en 1843, apenas un año después de fundada, pero el desarrollo posterior fue bastante pobre.  En 1965 el asesor  norteamericano Paul M. Miles encontró que las colecciones de material de investigación eran pobres y obsoletas, y el material bibliográfico disperso.  En aquel entonces la Universidad de Chile invertía sólo el 1,6% de su presupuesto al servicio bibliotecario, frente al 5% recomendado por la UNESCO.  Por ello, la rata de volúmenes por alumno llegaba a 50 en Santiago, y apenas a 29 en Valparaíso, frente al Estándar norteamericano de 100 volúmenes por alumno.  La colección de monografías llegaba a 1.200.000, la de folletos a 200.000 y los títulos de publicaciones periódicas a casi 22.000.  Entre 1964 y 1980 la colección no varió mucho, ya que entre monografías, folletos y publicaciones periódicas apenas llegaba a 1.400.000 volúmenes.
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Algo más acerca de los servicios bibliotecarios de la Universidad de Chile oiremos de boca de la colega Isabel Maturana, a quien agradezco su colaboración.
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La Pontificia Universidad Católica, la segunda más antigua del país, fundada en 1888, inauguró su Biblioteca central en 1896,  Para 1982 contenía 750.000 volúmenes entre libros, folletos, publicaciones periódicas, tesis, etc.  En ese entonces adoptó las cintas MARC, gracias a la ayuda financiera y técnica de la OEA, y ya para mediados de los 90 había logrado automatizar todos los procesos.
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La Universidad de Concepción, en la década del 60, bajo la rectoría del prof. David Stichkin, inaugura un moderno edificio para la Biblioteca Central, contrata un equipo de expertos para llevar a cabo la centralización e inicia, al mismo tiempo, la automatización de los procesos.
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Por último, habría que mencionar la RENIB, la Red Nacional de Información Bibliográfica, un consorcio de bibliotecas universitarias creado en 1984 como un primer paso hacia la confección de un catálogo colectivo.
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Y el SISIB,  Sistema de Servicios de Información y Biblioteca de la Universidad de Chile, inaugurado hace un mes:  este Servicio permite al usuario que visite la página web de la corporación el acceso directo y gratuito a más de 500 títulos  de revistas y 53 bases de datos especializadas en índices que cubren todas las áreas del conocimiento.
Por falta de tiempo, y porque algunos de estos temas ya han sido abordados en este mismo Auditórium, no me referiré a la renovada y eficiente Biblioteca del Congreso, a las de los Institutos Culturales binacionales, a las de Ministerios, a las de empresas estatales y privadas, etc.
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Ahora dejo con Uds. A la colega Isabel Maturana.
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(La exposición de la Bibliotecaria Maturana duró alrededor de 15 minutos)
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H. Evaluación.

Si intentáramos evaluar nuestro desarrollo bibliotecario in abstracto, la nota final sería   “menos que regular”, entre 3 y 4 en una escala de 1 a 7,   ¿Por qué?

1. Porque nuestra legislación es anticuada y obsoleta;

2. Porque nuestras bibliotecas funcionan en cualquier inadecuado local y todavía no tenemos la gran biblioteca pública en una capital con casi 5 millones de habitantes;

3. Porqué la mayoría de nuestras bibliotecas carece de personal profesional.

4. Porque sus presupuestos, salvo en unos pocos casos excepciones, son miserables, lo que significaba sueldos bajos y colecciones pobres.
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5. Porque nuestros lectores destruyen las colecciones, hasta el extremo que Guillermo Feliú afirmó que esta destrucción se hacía “en forma sistemática”, en lo que yo no creo, y
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6. Porque un porcentaje no despreciable de nuestra población, especialmente de niños y habitantes de poblados, no tiene acceso a ningún tipo de servicio bibliotecario.
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PERO, si insertamos nuestro desarrollo bibliotecario en un mundo real y en un Chile real, la evaluación daría un resultado mejor, entre más que regular y bueno, alrededor de la nota 5.  ¿Por qué?
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1. Porque, como dice el tango, “el mundo fue y será una porquería”;
2. Porque se gastan sumas siderales en armamentos, mientras deambulan hambrientos millones de cesantes y otros millones de seres humanos mueren de hambre, o son asesinados por sus propios hermanos militares si se tratan de buscar comida en un país  vecino, como sucedió no hace mucho tiempo en Etiopía.
3. Porque adorando a un dios equivocado, que no preconiza el amor, se matan entre hermanos por fanatismos religiosos;
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4. Porque subsiste el racismo en todo el mundo, especialmente contra negros, judíos y asiáticos, hasta contra italianos en Suiza;
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5. Porque el producto bruto está muy mal distribuido: Estados Unidos solo consume el 40% de la producción mundial: en América Latina los ricos no pagan impuestos y el 10% de los dueños de tierras poseen el 90% del territorio;
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6. Porque el SIDA, la droga, el Smog, la delincuencia están matando a la población;
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7. Porque se explota a los minusválidos, a las mujeres y a los niños, incluyendo prostitución infantil y la trata de blancas.
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Pues bien Chile esta inserto en ese mundo cruel, despiadado e injusto, reproduciendo sus mismas características y gravando otras, como tener una de las peores tasas de distribución del ingreso del mundo, una prostitución de niñas de 6 años bajo nuestras narices y  no lo sabíamos, por creernos una especie mestiza privilegiada desde que en 1904 lo dijo Nicolás Palacios en su obra Raza chilena;   porque la corrupción ha llegado al límites increíbles, como los 100 mil millones que perdió el fisco con la venta de Chilectra, como los 300 bultos, sí, dije 300 bultos, de licores y perfumes traídos por la fuerza Aérea como pertrecho de guerra y sobre lo cual ironiza hoy El Mercurio:   la caricatura nuestra 2 aviones en el aire y el uno pregunta al otro  “¡como!… ¿Ya se acabaron los pertrechos líquidos?” Nos creen tontos tontos, y nos faltan el respeto los Ministros de hacienda, Foxley diciéndonos que los 300 millones de dólares del “Davilazo” no fueron una pérdida para el país, y Aninat  tratando de convencernos de que hay crisis, aunque disminuye el presupuesto en 97.000  millones, saldrán a la cesantía 70.000 obreros de la construcción, se les quita   la leche a las mujeres pobres embarazadas, la empresa privada empieza a rebajar sueldos y salarios;  pero tenemos en órbita un satélite chileno y como no disponemos del inmenso conjunto de instrumento de control indispensables, los arrendamos;  clasificamos a los niños recién nacidos en legítimos, ilegítimos, naturales, reconocidos, y llamamos “huachos” al Padre de la Patria, al héroe de La Concepción, al arzobispo Francisco de Paula Toro, al Presidente Balmaceda, al poeta Carlos Pezoa Véliz.  Por  algo, José Rodríguez Elizondo, nuestro Embajador en Israel, escribió su artículo “El chileno feo ataca otra vez”, donde dice “Ya no sólo somos superiores a los vecinos del barrio sudaca;  también podemos mirar desde arriba a los europeos”;  por algo Sebastián Piñera dijo “exportamos demasiada soberbia” y ahora “nos están empezando a pasar la cuenta”;  por algo Bernardo Subercaseaux afirma que “el chauvinismo, el triunfalismo y la autocomplacencia nunca habían alcanzado niveles tan altos en nuestro país”. ¡Con razón en reciente informe de Naciones Unidas se afirma que el 80% de los chilenos está infeliz!
Concluyo: a este país le falta unidad, solidaridad, justicia;  es como un cuerpo cuya pieza izquierda anda por un lado y la derecha por otro, donde no hay algodón en los hospitales y los enfermos con suerte comparten una cama, mientras los más infelices son atendidos en pasillos, pero compramos un avión presidencial en 31 millones de dólares.  Somos una orquesta donde cada instrumento toca lo que se le antoja.
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En El Mercurio de hoy, el lector Gonzalo Lira, refiriéndose a “las normas elementales de comportamiento en las ciudades civilizadas de Europa, Estados Unidos y otro”, nos interpreta a muchos chilenos cuando dice: “Regresar a Chile luego de tantos años y observar el comportamiento de nuestra sociedad es realmente chocante”.
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Insertadas las bibliotecas en este desconcierto, no estamos tan mal.
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Muchas Gracias.

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Fuentes consultadas:
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  • Encyclopedia of Library  and Information Sciencie:
    - Juan R. Freudenthal.  “Chile. Libraries and Information Centers in.”
    - Alberto Villalón-Galdames, y Abraham Pimstein-Lamas. “”Chile.  University of Chile, School of Library Scienci”.
     

  • Bibliovisión, N° 7, Junio-Agosto 1996:
    - Carmen Pérez Ormeño.  “A cincuenta años del inicio de la formación de Bibliotecarios en Chile”
     

  • FID  News Bulletin, volume 46, 1996, issue 9:

    - Yolanda Maloney, y Gloria De Alfaro.  “Information Advances in Chile:  An Overview”.
     

  • Universidad Tecnológica Metropolitana:
    - Plan de Estudio y Malla Curricular de la Escuela de Bibliotecología.
     

  • Universidad de la República:
    - Elfriede Herbstaedt.  Información sobre la Escuela de Bibliotecología y Ciencias de la Información.
     

  • Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos:
    - Normas legales que rigen a la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos.
    - Entrevistas a los funcionarios Victoria Saporta y Enrique Ramos.
     

  • Ministerio de Educación:
    - Folletos, guías y catálogos varios sobre el programa de Mejoramiento de la calidad y equidad de la Educación (MECE)
    - Entrevista a la funcionaria Pía Albarracín.
     

  • Diario El Mercurio y sus suplementos Revista de Libros y Ya:
    - Recortes varios.

  • Diario La Epoca:
    - Recortes varios.

    NOTA  El Plan de Estudio de la Escuela de Bibliotecología de la Universidad de Playa Ancha no fue comentado porque, a pesar de mi solicitud, no me fue facilitada la información pertinente.